Por: Remberto Cárdenas Morales 
De la Revolución Cubana, epopeya del pueblo y de los barbudos dirigidos por Fidel, aprendemos estos 51 años, proceso al que nuestros pueblos también le enseñan, aunque sin pretensiones doctorales. Una adecuada lectura de la realidad nos lleva a ese convencimiento, el que es verificable con los hechos que están a la vista del que los quiera interpretar con ética.



Algunas de las lecciones de la Revolución Cubana las resumimos en esta columna:
—La unidad de todo el pueblo cubano para derrotar a la dictadura de Batista, en la guerrilla de la Sierra Maestra y en las acciones insurreccionales de los trabajadores en las ciudades (en La Habana, en particular, con la huelga general política), la que deviene en lección, alcanza dimensión estratégica, es decir, allí la unidad no se la asume sólo como necesidad táctica, es una tarea de largo aliento y de ejecución cotidiana. Esa unidad ayudó a defender la Revolución, que ayer 1 de enero cumplió 51 años, como han dicho sus dirigentes y Fidel, especialmente. La derrota de las bandas contrarrevolucionarias los primeros años de la victoria, las invasiones como la de Playa Girón, las dificultades generadas por desastres naturales como los huracanes, el “período especial” que tantas privaciones ocasionó al pueblo, entre otras tareas de distinta envergadura, fueron conseguidas con acciones del pueblo cubano unido. Los éxitos en la salud y la educación (con el merecido reconocimiento de la OMS y de la UNESCO), así como la desnutrición cero entre la niñez del país caribeño, se apoyan en la unidad táctica y sobre todo estratégica del pueblo. Con ese tipo de unidad se libran batallas contra el bloqueo (económico, financiero y comercial) de EE.UU. y por la libertad de los cinco héroes cubanos presos políticos del imperio.


—La solidaridad, es decir, el apoyo político y material de la Revolución Cubana a nuestros pueblos en lucha, nació con aquella epopeya. Está como constatación lo que hicieron los cubanos en apoyo a los revolucionarios argelinos que buscaban su liberación del colonialismo francés. Los cubanos reiteran que el respaldo de nuestros pueblos a la justa causa revolucionaria suya fue un factor que contribuyó a la victoria. Entendemos, asimismo, que la solidaridad de los cubanos transita en doble dirección: son solidarios con nuestros pueblos porque enfrentan a enemigos comunes: el imperialismo y el capitalismo, y siguen solidarios cuando nos ayudan, a los bolivianos por ejemplo, a terminar con el analfabetismo y con los programas de salud: con las operaciones de la vista de más de 400.000 compatriotas y latinoamericanos, millones de atenciones y curaciones que han devuelto la salud a enfermos y han salvado vidas.


La solidaridad, asimismo, es de ida y vuelta. Sin embargo, es necesario subrayar que la de los cubanos (y venezolanos), que nos favorece, no es una ayuda que reparte lo que les sobra a los cubanos. Ellos comparten con nuestros pueblos una parte de lo que tienen para satisfacer sus necesidades. Esa es la cooperación que entregan a los cinco mil estudiantes bolivianos en la Escuela Latinoamericana de Medicina. Por ello, autocríticamente, es necesario decir que en reciprocidad es muy poco lo que entregamos a cambio, aunque nos conforma añadir que cuando peleamos en tierras bolivianas contra los enemigos de la Revolución Cubana, somos igualmente solidarios con esa causa invencible.


—En voz baja algunos se atreven a decir que Evo Morales quiere hacer de Bolivia otra Cuba. Fidel, hace décadas, dio una respuesta solvente cuando se decía algo similar respecto de Nicaragua sandinista (“Nicaragua no será otra Cuba, será una nueva Nicaragua”). Aquí queremos otra Bolivia porque es posible, aunque es verdad (no lo ocultamos) que la Revolución Cubana demostró que es posible la construcción del socialismo en nuestra América y, por tanto, para nuestro país añoramos una sociedad similar a la cubana: socialista, plurinacional y pluricultural, esto es, una sociedad justa y humana, con los aportes criollos, bolivianísimos, si se acepta la palabra; sin explotadores ni explotados, sin opresores ni oprimidos; a cuyos habitantes se les pague según el trabajo realizado. Bolivia socialista plurinacional y pluricultural, inspirada en el ejemplo cubano, para decirlo sin más rodeos.


A propósito del ejemplo cubano, un tiempo se difundió a diario (se lo hace ahora a escala mucho menor) que a la Revolución Cubana se la exportaba hacia países de Asia, África y Latinoamérica. Es fácil descubrir esa mentira. Ocurre que las condiciones materiales e ideológicas para las revoluciones existen en esta parte del mundo, por ello los procesos de cambio en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Uruguay y Chile, aunque en distintos grados y ritmos (más allá de que alguno de ellos acaso se revierta), debieran convencernos de que otra Latinoamérica es posible, así como demandan nuestros pueblos y por lo que luchan ininterrumpidamente. Es cierto que hemos superado riesgos —los que no han desaparecido del todo—, sobre intentos frustrados de copiar formas de lucha y/o estrategias, proyectos políticos, que vencieron en otros lugares. Aquello va contra la naturaleza de las cosas y, por tanto, contra la teoría y la práctica de las revoluciones que requerimos como instrumentos de nuestra segunda y definitiva independencia, como decimos entre nosotros, otra vez en coincidencia con los revolucionarios cubanos. En verdad, ninguna revolución es idéntica a otra, esto se sabe, y es la vida la que se encarga de esclarecerlo en beneficio de todos.


—En Cuba la lucha antiimperialista, como la acción principal, básicamente, deriva del bloqueo del imperio a la Isla, el que se trata de una guerra económica, financiera y comercial, rechazado por 186 países en la Asamblea General de la ONU el año pasado. El imperio es el enemigo fundamental de nuestros pueblos, y pocos en ellos necesitan comprobación para admitirlo. En Bolivia, sin menospreciar lo que hace la derecha para impedir que avancen los cambios, el imperio es el enemigo principal  de aquéllos. La derecha boliviana haría mucho menos sin el respaldo directo e indirecto del imperio. Basta citar como ejemplo el fracasado golpe civil de agosto y septiembre de 2008, en la llamada media luna (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando) el que recibió al menos el aliento (quizá la dirección) del Embajador estadounidense de entonces. Lo que hicieron agencias suyas, como USAID, comprueba aquella afirmación.


Ningún país o pueblo latinoamericano se ha liberado con apoyo yanqui. Al revés, la segunda y definitiva independencia de esta parte del mundo será posible si impulsamos acciones antiimperialistas decisivas. En esta materia no debemos olvidar, ni por un instante siquiera, que el imperialismo yanqui contraataca: ahora está más claro que fue y es un contraataque de su parte el golpe en Honduras que derivó en aquellas elecciones que “eligieron” un gobernante que no reconocen nuestros pueblos. La política yanqui (con Obama incluido), ahora, se muestra de cuerpo entero en aquel país centroamericano. Las bases militares, especialmente las que se instalan en Colombia (sin excluir las otras como la montada en Paraguay), fueron, son y serán bases de agresión contra nuestros pueblos. Eso fueron y eso seguirán siendo, tal es su criminal misión. Los despistados no lo creen o fingen desconocer los alcances de aquellas maquinarias de guerra que apuntan contra toda acción liberadora de nuestros pueblos.


Ligado con la lucha antiimperialista de los cubanos, está el accionar por la paz en el mundo. El día del atentado terrorista que derribó las torres gemelas y que segó miles de vidas humanas en Nueva York (11-IX-01), el principal dirigente de la Revolución Cubana, al tiempo de condenar ese atentado, advirtió que ese día se empezaba a vivir en un mundo inseguro (el Presidente de EE.UU. se encargó de confirmar que esa preocupación era verdadera), porque la guerra podía desencadenarse en cualquier “oscuro rincón del mundo”, como amenazó George W. Bush y como lamentablemente sucede en Irak y Afganistán. Ahora en Bolivia la lucha por la paz es una obligación constitucional porque aquel principio está inscrito en la Carga Magna que aprobamos el 25 de enero del año pasado (2009).


Sobre lo que pudo enseñar el pueblo boliviano: El Comandante en Jefe de aquella Revolución en La historia me absolverá tiene escrito que del pueblo boliviano y de los mineros en particular (como le confirmó a un dirigente boliviano de los trabajadores del subsuelo), los revolucionarios cubanos aprendieron que era posible derrotar al ejército, el de la vieja rosca minero-feudal, como se le llamaba a esa maquinaria que sirvió para dominar, sobre todo, a nuestro pueblo.


Por todo aquello que nos enseña la Revolución Cubana (y por mucho más todavía), celebramos con el optimismo que nos inyectan sus 51 años, esa obra gigantesca del pueblo cubano, conducido por una dirigencia consecuente y la comandancia suprema de Fidel.


Confiamos que la Revolución Cubana nos regalará nuevas victorias. A esa “joven madura” nuestro apoyo seguirá militante y será siempre invariable nuestro compromiso de respaldarla, así como ratificamos que continuaremos enfrentando, en tierras bolivianas, a los enemigos de Cuba.