La confirmación, ayer, del anuncio del hallazgo de un inmenso yacimiento de gas natural en la cuenca de Neuquén, en Argentina, ha vuelto a causar revuelo en el mercado mundial de hidrocarburos. Es que tal noticia se suma a las muchas similares que durante los últimos meses han confirmado que el gas es un recurso mucho menos escaso de lo que hasta hace un tiempo se creía y por consiguiente las proyecciones del precio que en el futuro próximo tendrá este combustible distan mucho de lo que se esperaba.

El asunto es, obviamente, de gran impacto sobre el futuro de la economía nacional. Tanto, que muchos expertos en la materia han vuelto a llamar la atención de las autoridades del sector energético, pidiéndoles una actitud más responsable ante el problema aunque sin lograr mejores resultados que la ya conocida indiferencia.
De nada vale que los datos confirmen una y otra vez que con cada día que pasa el futuro energético de nuestro país se pinta menos halagüeño tanto por los continuos fracasos propios como por los éxitos de nuestros vecinos. De nada sirve que los datos de la realidad desmientan sin cesar las ilusiones que las autoridades del sector se empeñan en alentar aunque ya no puedan ocultar su falta de fundamentos.
Y lo peor es que tan desacertada manera de actuar no es exclusiva para el caso del gas. El ritmo al que Chile y Argentina llevan adelante sus respectivos proyectos de explotación del litio mientras nuestro gobierno se aferra a una retórica hueca, es otra muestra de una actitud displicente que nada bueno augura para el futuro de la economía nacional./ LOS TIEMPOS