Grave disyuntiva es para el país vivir sin saber a qué atenerse en el caso de las reservas gasíferas. Por mucho tiempo, especialmente desde mayo de 2006, se ha vivido con la ilusión de contar con mucho gas, con la casi certeza de ser “la segunda potencia latinoamericana” en posesión de reservas gasíferas importantes; la verdad adquiere condiciones crueles al comprobar que no tendríamos ni para el uso doméstico en muy corto tiempo.
El país está atado a contratos suscritos con Brasil y Argentina para una provisión diaria muy importante y por varios años. Hasta ahora, que se sepa, no siempre se ha cumplido con obligaciones que determinan los contratos. ¿Cuál será la situación en caso de comprobarse que nuestras reservas son limitadas y están muy lejos de las anunciadas hace tiempo? Brasil y Argentina, ante incumplimientos que podrían surgir, no se quedarán de brazos cruzados y exigirán respeto a lo acordado o, caso contrario, “pagar las consecuencias”, como es indemnizar por daños y perjuicios.
Las autoridades de YPFB, encabezadas por el ministro del sector, declaran periódicamente sobre las reservas, pero sin que éstas tengan bases técnicas creíbles. Parece, por los datos que son manejados, que la propia empresa del petróleo no sabe a qué atenerse; pero, contrariamente a las políticas de transparencia que se respetarían, continúan vigentes los instructivos para reemplazar con gas los carburantes en vehículos, y, por otra parte, se sigue instalando la red domiciliaria que proveerá del energético a varias ciudades del país.
Es preciso, hasta por la tranquilidad y responsabilidad del Gobierno, que se establezcan realidades, que sepamos todos a qué atenernos, que tanto los contratistas externos como los compromisos sustentados en el país – caso del Mutún que no puede contar con gas para iniciar operaciones – como la población sepan a qué atenerse o estar atenidos a posibles importaciones para reemplazar a las optimistas “grandes reservas” que decíamos tener y no tenemos.
El contar con gas para los próximos 50 años es de vital importancia para el país; sin él, hay que encarar nuevas situaciones en muchos aspectos, en lo mucho planificado tanto para la industria, la atención a vehículos, las ofertas a fundiciones como el Mutún, como las exportaciones que quedarían paralizadas. Enfrentar realidades sin gas es problema de gran magnitud. Importarlo y sustituir lo que no logremos explotar, es otro desafío difícil de prever sobre cómo concluirá.
Finalmente, es preciso que, en el menor tiempo se establezcan realidades y, por otra parte, en concordancia con las empresas capitalizadoras que aún siguen operando en el país, revisar las actuales reservas, explorar y explotar posibles existencias que aun no han sido detectadas. Quedarse mustios y con los brazos cruzados a que se produzcan milagros - como parece que ocurre en YPFB - no traerá beneficio al país y menos solucionará un problema que, con exceso de optimismo se ha creado.
Es importante que se den los pasos precisos y, además, dejarse de fantasías como la de “industrializar el gas” sabiendo que nuestras posibilidades para ello se han reducido o han desaparecido, puesto que, de otro modo, industrializar gas importado no traería beneficio, por lo caro que resultaría este energético. El caso merece atención seria, honesta y responsable./ EL DIARIO
