Problemas de control de calidad, dificultades financieras, cifras de producción infladas, precios manipulados y necesidad apremiante de inversión exterior. Ese es el panorama de la industria petrolera venezolana, el auténtico motor económico del país, que dibujan las comunicaciones de la Embajada de Estados Unidos en Caracas al Departamento de Estado en Washington.
Los recursos petroleros, básicos para financiar las políticas sociales con que el presidente Hugo Chávez intenta contentar a su electorado, no han sido suficientes para que la economía venezolana crezca al ritmo de sus vecinos. El deterioro económico (con una situación de hiperinflación, recesión y hasta racionamiento de servicios básicos) se ha traducido en una pérdida de popularidad de Chávez, que se ha dejado ya notar en las urnas. La falta de mayoría cualificada en la Asamblea Nacional dificultará al presidente sacar adelante su agenda revolucionaria socialista.
A la caza de datos
Los documentos obtenidos por Wikileaks a los que ha tenido acceso EL PAÍS muestran que la Embajada de EEUU ha tenido acceso a numerosos altos cargos de la petrolera estatal PDVSA (Petróleos de Venezuela) y del Ministerio de Energía y Petróleo. El personal de la legación estadounidense en Caracas estaba sobre aviso para identificar en las largas colas de petición de visado a aquellos que pudieran proporcionar datos útiles. Tras ahorrarles la cola, los diplomáticos se cobraban el favor en especie, a cambio de información.
Los confidentes, para los que la Embajada pedía la máxima protección, revelan por ejemplo que la cesta de petróleo venezolana está “manipulada” por la inclusión en la misma de productos refinados. Eso es lo que había permitido que la diferencia entre la cotización del barril venezolano y la del petróleo WTI, de alta calidad, se redujese de 13 a 5 dólares en un año. “La admisión (del directivo) acerca de la manipulación del precio de la cesta de crudo refuerza las sospechas sobre la propensión del Gobierno de Chávez a manipular las estadísticas oficiales”, señalaba el embajador Patrick Duddy al Departamento de Estado.
Devaluación monetaria
La producción inferior a la declarada, la recesión económica y la insostenibilidad del control de cambios con el tipo oficial frente al dólar de hace un año son los factores que habrían llevado al Gobierno de Chávez a decidir en enero pasado una devaluación del 50% del bolívar, que ha perdido el 99% de su valor desde que gobierna Chávez. Los ingresos en dólares del petróleo le permitirían financiar sus políticas sociales con mayor facilidad gracias a un bolívar devaluado, según el análisis de los diplomáticos estadounidenses.
Los documentos estadounidenses muestran que la preocupación por la economía venezolana se ha extendido a otros países como Argentina, Brasil o Cuba. “El presidente Chávez, por su parte, es plenamente consciente del impacto que la evolución económica del país ha tenido en su popularidad”, se señala en un análisis de los graves problemas e incertidumbres que acosan a la economía venezolana y que amenazan a su proyecto de revolución socialista bolivariana.
Eso sí, ante ese panorama económico crítico, los diplomáticos de Estados Unidos no perdían el sentido del humor. Prueba de ello es el cable titulado “Haciendo el socialismo más fácil de tragar”, en que dan repaso a la apertura, hace algo menos de un año, de la primera “arepera socialista”, en que las arepas (una especie de tortas de maíz rellenas) se venden a la cuarta parte de su precio. A diferencia de las cadenas “capitalistas” de comida rápida (los venezolanos adoran los McDonald’s) que según el Gobierno bolivariano “solo piensan en el dinero”, en la arepera socialista la caja registradora está en una esquina y los clientes pagan al acabar de comer diciendo ellos mismos lo que han consumido sin que nadie les controle. “Dejadles comer arepas”, concluye el cable diplomático estadounidense./ EL DIARIO
