El informe sobre las reservas de gas natural, elaborado por la Ryder Scoot hace un año, sigue bien guardado por el gobierno, que no lo quiere dar a conocer. Pero su contenido se ha filtrado tanto que cada medio de comunicación del país tiene una copia.

La que está en nuestras manos dice que, en efecto, las reservas certificadas hace un año llegaban a 8,35 TCF.
Una nueva medición permitiría saber en cuánto han disminuido esas reservas en los últimos trece meses.
Por el momento, el gobierno sigue escondiendo el informe, aunque por otro lado prepara a los bolivianos para la mala noticia diciendo que los anteriores gobiernos inflaban las cifras de las reservas.
Para que las reservas aumenten sólo se requiere de inversiones y para que ellas lleguen es preciso eliminar las trabas que frenan a las petroleras desde 2006.
Las cifras sobre las inversiones dicen que las petroleras sólo están gastando lo necesario para el mantenimiento de los campos, pero nada en exploración.
Pero algo está cambiando, porque las empresas YPF y Petrobrás acaban de firmar compromisos para explorar nuevas áreas habilitadas por YPFB, según el anuncio hecho por la empresa estatal boliviana.
Esta clase de iniciativas tardan por lo menos cinco años en madurar. Ese es el tiempo que tomará, si se cambian las condiciones, un aumento de las reservas de gas.
En el corto plazo, se teme que en el invierno que se avecina la producción de gas no dará abasto para cubrir la demanda de Brasil y Argentina, además de los requerimientos del mercado interno.
A bolivia aun le falta mucho
No, en japonés
Aunque en idioma japonés no existe la palabra “no”, la delegación oficial que llegó de Tokio hace una semana pudo dar una rotunda negativa al pedido del gobierno boliviano de que se fabriquen autos eléctricos con baterías de litio en Uyuni.
La frase usada por el viceministro de Economía, Comercio e Industria de Japón, Kaname Tajina, fue que ningún país del mundo ha podido ingresar a la industria automotriz “de la noche a la mañana”.
Con la ayuda del idioma castellano, funcionarios de la embajada nipona pudieron decir, de manera cortés pero terminante, que los empresarios japoneses no piensan instalar una fundición de zinc en Bolivia, como lo pide también el gobierno.
Lo que sí pudieron decir con claridad los japoneses es que esperan que Bolivia establezca un clima de seguridades jurídicas para las inversiones extranjeras.
Así se cumplió la misión japonesa, que vino a asegurar que las inversiones de empresarios privados de ese país, comenzando por la Sumitomo, que explota la mina San Cristóbal, sea respetada. Eso sí: una planta eléctrica será instalada en la zona usando los recursos geotérmicos./ EL DIARIO