| Daniel Montamat, ex secretario de energía. |
Pese a las promesas oficiales y las grandilocuentes
expresiones sobre la integración energética con Bolivia, lo cierto es
que ese país envía cada vez menos gas a la Argentina.
Las cifras de agosto son contundentes: en medio de un
duro invierno y con el promocionado gasoducto internacional Juana
Azurduy (GIJA) funcionando por primera vez a pleno durante un mes
completo, las importaciones de gas boliviano registraron uno de los
volúmenes más bajos del año, aunque el precio que pagó el Gobierno
creció significativamente.
Esa merma en el volumen de gas que envió Bolivia no fue
reemplazada por producción local, sino por importaciones de gas natural
licuado (GNL) aun más caro que el fluido que llega del Altiplano.
Según cifras de la empresa estatal Yacimientos
Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), las exportaciones de gas a la
Argentina en agosto fueron de 7,16 millones de metros cúbicos diarios
(mcd). Esa cifra es inferior a la registrada en los meses de febrero,
marzo, mayo y julio, y prácticamente igual que el promedio de junio.
Pero además de la mayor demanda que había en agosto
-cuando unas 300 industrias sufrieron varios días de cortes de gas-
respecto de los meses previos, otro hecho justificaba la expectativa de
un crecimiento en la disponibilidad de hidrocarburos bolivianos: el 30
de junio pasado, en un acto que se transmitió por cadena nacional y
contó con la presencia del presidente de Bolivia, Evo Morales, la
presidenta Cristina Kirchner inauguró el GIJA y prometió que desde ese
mismo día llegarían por el nuevo ducto "7 millones y medio de metros
cúbicos por día de gas". Al día siguiente, por ese caño pasó algo menos
de un millón de mcd.
Durante los primeros días todavía se siguió usando en
forma parcial el viejo gasoducto, hasta que desde el 12 de julio el GIJA
comenzó a operar en forma plena. Julio terminó con un promedio de 7,62
millones de mcd de gas exportado a la Argentina. Todavía estaba por
debajo del récord de febrero, pero al menos durante cuatro días seguidos
los envíos superaron los 10 millones de mcd. Durante agosto, en cambio,
sólo un día se superaron los 10 millones y el promedio quedó bien abajo
(6% menos que en julio, mientras que a Brasil los envíos de Bolivia
crecieron uno por ciento).
Flexibilidad
La inauguración del GIJA, para el cual se invirtieron 173
millones de pesos, debía servir en teoría para incrementar el volumen
de importación de gas de Bolivia, además de otorgar mayor seguridad y
flexibilidad, por tratarse de una construcción más moderna que el viejo
caño Pocitos-Campo Durán. Según el acuerdo entre YPFB y la estatal
argentina Enarsa, Bolivia debía mandar durante este invierno un promedio
de entre 7,7 y 11,3 millones de mcd de gas. El mínimo saltará el año
próximo a 11,6 millones y en 2013, a 13,5 millones, hasta llegar a los
27,7 millones en 2021. Para llegar a esos volúmenes era necesario
construir el GIJA, aunque hasta ahora el proceso fue el inverso.
El ex secretario de Energía Daniel Montamat consideró que
para cumplir con ese acuerdo Bolivia debería desarrollar nuevos
yacimientos. "Bolivia tiene potencial, pero por los cambios en las
reglas de juego la inversión privada se redujo al mínimo y la inversión
de la empresa pública boliviana tiene problemas de cantidad y
eficiencia", sostuvo.
Como consecuencia de esta situación, el peso de Bolivia
en las importaciones de gas que realiza la Argentina cayó hasta el 24%,
un piso que no se había tocado antes. En agosto, la Argentina importó
916,3 millones de metros cúbicos, de los cuales sólo 221,7 millones los
aportó YPFB y el resto llegaron mediante las operaciones de
regasificación de GNL. Con un detalle para tener en cuenta: mientras la
Argentina paga desde julio 10,20 dólares el millón de BTU (un 34% más
que a comienzos de año y un 300% más que a los productores locales de
gas), importar GNL cuesta aún más caro, entre 12 y 15 dólares el millón
de BTU.
Tanto en junio como en julio, por ejemplo, el gas
boliviano representaba aún el 29% de las importaciones argentinas. En
2010, era el 56% del total. Así, mientras en agosto el volumen de gas
que ingresó en el sistema nacional a través de las terminales de Bahía
Blanca y Escobar creció 18% respecto de julio, los envíos bolivianos
cayeron 6 por ciento.
Desembolsos
El año pasado, el Estado argentino pagó unos 400 millones
de dólares por el gas boliviano y otro tanto por las operaciones de
GNL. Esa cifra equivale a lo que se desembolsó sólo en el primer
semestre por el fluido que envía YPFB. Pero la mayor dependencia del GNL
(más caro) y la suba de precios en el gas boliviano hacen cada vez más
creíbles los pronósticos que vaticinan que la Argentina cerrará el año
2011 con un déficit en su balanza energética que podría ubicarse entre
los 3000 y los 5000 millones de dólares.
DIXIT
"Bolivia tiene potencial, pero por los cambios en las reglas de juego la inversión privada se redujo al mínimo y la pública tiene problemas de eficiencia"
Daniel Montamat
Ex secretario de energía ./ LA NACIÓN (ARGENTINA)
"Bolivia tiene potencial, pero por los cambios en las reglas de juego la inversión privada se redujo al mínimo y la pública tiene problemas de eficiencia"
Daniel Montamat
Ex secretario de energía ./ LA NACIÓN (ARGENTINA)
