Subeditorial - Los Tiempos
Como si la multiplicidad de versiones gubernamentales —desde la del
Ministro de Defensa hasta la de funcionarios subalternos de empresas
estatales— no hubieran sido suficientes para elevar hasta niveles
surrealistas la confusión sobre la verdadera magnitud de la crisis
energética en que está sumido el país y las posibilidades reales de
afrontarla con alguna posibilidad de éxito en el futuro inmediato,
durante las últimas horas se ha introducido un elemento nuevo a la
chacota.
Se trata de la sugerencia hecha por la
Comisión de Entes Binacionales Hidroeléctricos (CEBH), con sede en
Paraguay, para que Bolivia importe energía eléctrica de ese país vecino.
A
esa conclusión llegaron expertos en materia energética de ambos países
después de un mes de intensas jornadas en las que se dedicaron a
analizar la posibilidad de instalar una conexión eléctrica entre ambos
países.
Según la explicación dada por uno de los
consultores participantes, esta es una “oportunidad estratégica” que no
se debe desaprovechar. “Desde el punto de vista del gas es indudable el
potencial de reservas que tiene Bolivia para su uso propio y para la
región y (…) Paraguay es la contracara desde el punto de vista de la
electricidad”, dijo.
Así, más allá de los
desmentidos y las contradicciones, lo único que parece cada vez más
claro es que el futuro eléctrico nacional no se pinta nada alentador. Y
como en temas como éste el futuro no se mide en términos de días ni de
meses, sino de años e incluso décadas, sería de desear que sea tratado
con algo más de claridad y transparencia.
