El racionamiento de gas en Tarija no parece ser la única contradicción
en los resultados que muestra la política energética del gobierno del
MAS.
A ella se suma que Bolivia sigue importando GLP, diesel y gasolinas a
precios internacionales para abastecer el mercado interno a precios
subsidiados y, simultáneamente, vende a Brasil y Argentina, junto al
torrente de gas, GLP y gasolinas a valores casi de regalo.
La planta
separadora de líquidos de Río Grande, que el año 2009 debió estar
funcionando para extraer el GLP y las gasolinas del gas exportado a
Brasil, cuya construcción estaba encargada al consorcio
Catler/Uniservice por cerca a 86 millones de dólares, se frustró y
retrasó con el argumento de que el contrato suscrito se lo obtuvo
mediante prebendas. El lío costó la vida a un empresario tarijeño.
Santos Ramírez, quien presidía YPFB en ese entonces y fue el principal
impulsor de la construcción de la planta, denunció que fueron intereses
externos los que provocaron el fracaso de ese contrato. En el acto de
firma del contrato, el año 2008, estuvo presente Evo Morales junto al
entonces ministro de Hidrocarburos, Carlos Villegas.
La planta
separadora de Río Grande, tres años después del escándalo que sirvió
para paralizarla, sigue retrasada, esta vez por la oposición de los
indígenas guaraníes de la zona Tacobo Mora, en tanto que su costo se ha
casi duplicado a más de 150 millones de dólares. Para Ramírez, este
nuevo contrato es la corrupción legalizada.
Pero las contradicciones
siguen y suman. Mientras el Gobierno pregona que las recaudaciones de
IDH y regalías se deben a la “nacionalización” de los hidrocarburos del 1
de mayo de 2006, en enero de 2012, casi seis años después,
“nacionalizó” las acciones de PAE E&P en el campo Margarita. ¿No era
que ya estaba todo nacionalizado y que YPFB era la que controlaba todo?
La acción apuntaba a dar la razón a quienes denunciaron que en octubre
de 2006, cuando se firmaron 44 contratos petroleros, operó la
“desnacionalización” y quedó sin efecto alguno el decreto del 1 de mayo
de 2006. Precisamente, desde octubre de 2006 Bolivia ya no cobra el 32%
adicional que impuso el decreto nacionalizador a la producción de los
megacampos.
Al presente, en Bolivia, según el Centro de Estudios para
el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), más del 80% de las reservas
gasíferas y de petróleo están controladas por las mismas transnacionales
que operaban en Bolivia antes de la llegada de Evo al gobierno y con
ventajas adicionales: el Gobierno subsidia la producción de petróleo en
los campos chicos y nadie publica los datos de los costos recuperables.
En los contratos anteriores firmados por Gonzalo Sánchez de Lozada en
1997, se instituyó la reserva y confidencialidad en los gastos de las
petroleras efectuados al amparo del Anexo D, que sirvió hasta para pagar
a periodistas./ EL PAIS (TARIJA)
