Cambio (Editorial).- Miles de indígenas amazónicos peruanos de la región Loreto —en el noreste— mantuvieron bloqueado con sus embarcaciones por espacio de cuatro días el río Marañón, en protesta contra la empresa petrolera argentina Pluspetrol, que el 19 de junio había derramado en el afluente más de 400 barriles de crudo con consecuencias ambientales incalculables para los habitantes y la fauna de esa región.
Esa protesta popular se mantuvo firme en el cruce de los ríos Marañón y Tigre, zona de constante tránsito fluvial de combustible, alimentos y pasajeros. La extrema medida fue el único camino que hallaron para reivindicar su derecho a la vida, ante la pasividad del gobierno del presidente Alan García y el incumplimiento de la compañía petrolera para reparar el tremendo daño contra el medio ambiente.
Pluspetrol, pese a comprometerse a asistir a las comunidades indígenas con alimentos, agua y medicinas mientras solucionaba el derrame de crudo, no asumió plenamente su responsabilidad, ya que esa ayuda llegó por unos cuantos días y luego suspendió la asistencia aduciendo que el problema había sido solucionado.
Según informes técnicos del privado Instituto de Investigación de la Amazonia Peruana, el agua del río Marañón presenta altos contenidos de aceites y grasas que exceden los niveles máximos permisibles, lo que ha provocado una serie de enfermedades como diarreas y dermatitis, y ha afectado la pesca, sustento principal en los habitantes de las riberas del río.
En ese contexto, los indígenas amazónicos levantaron el 29 de octubre el bloqueo del río Marañón, luego de que autoridades regionales, líderes indígenas y representantes de Pluspetrol se comprometieran a hacer una nueva evaluación de las aguas de los ríos contaminados por el derrame de hidrocarburos ocurrido en junio. El líder indígena Dennis Pashanase dijo que durante la reunión se solicitó al Instituto de Investigaciones de la Amazonia que redacte un nuevo informe sobre los nuevos niveles actuales de contaminación, a más de cuatro meses del derrame, y quiénes son los responsables. Hay denuncias que apuntan a autoridades sanitarias del Gobierno peruano.
Y los hechos respaldan estas sospechas porque, pese a la gravedad del daño ecológico, la primera reacción de la administración de Alan García fue minimizar el daño. En un tibio comunicado, unos días después del accidente, el Ministerio de Energía y Minas afirmó que 400 barriles de petróleo “es un monto muy pequeño. En realidad, comparado con lo ocurrido en el Golfo de México, es una cosa muy pequeña que no debe ser motivo de alarma”. Es decir, un daño tolerable en la visión de ese funcionario.
Un informe del semanario Hildebrandt en sus trece, difundido a pocos días de ese daño ambiental, pone el dedo en la llaga y asegura que en los últimos cuatro años la empresa argentina Pluspetrol ha registrado 78 derrames de petróleo sólo en la amazonia peruana.
“Desde noviembre de 2006 a mayo de 2010 se han registrado 78 derrames de petróleo entre los lotes 8 y 1AB, ubicados en la región Loreto, afectando los ríos Pastaza, Tigre y Corrientes, afluentes del río Marañón”, informó ese semanario peruano. El reportaje apareció en la edición del viernes 25 de junio y fue elaborado por la periodista Juana Gallegos. Es que los frecuentes derrames reportados tienen un fuerte impacto sobre los pueblos indígenas que dependen de estos ríos como los Achuar, Urarina y Kichwa, en la región Loreto.
Se calcula que ocho mil pobladores pertenecientes a las comunidades Alfonso Ugarte, Victoria, Santa Rita de Castilla, entre otras, quienes se abastecen del río Marañón, fueron afectadas por las aguas contaminadas.
Cabe señalar que las comunidades afectadas de la cuenca del río Corrientes firmaron un acta con Pluspetrol, en el cual la empresa se comprometía a reducir la contaminación e implementar un plan de desarrollo sostenible, pero lo único sostenible de la empresa fueron los sucesivos derrames de petróleo que se han convertido en toda una marca internacional de negligencia medioambiental.
La mayoría de los derrames de crudo fue por rotura de tubos y otros desperfectos del oleoducto que afectaron a los ríos amazónicos. En 2008, debido a los sucesivos derrames, el entonces ministro de Energía y Minas, Juan Valdivia, solicitó la suspensión temporal de las actividades de exploración de Pluspetrol, aunque esta medida quedó sólo en el discurso. Es que los réditos que aporta a la economía peruana la industria del petróleo se encuentran muy por encima de su compromiso por preservar el medio ambiente. Por eso Perupetro acaba de adjudicar 14 de un total de 25 lotes petroleros que en su mayoría se encuentran ubicados en la cuenca del Marañón y del Ucayali.
La población indígena de la zona afectada se quedó sin agua limpia para beber y pescar; algunos lugareños presentan síntomas de intoxicación y miles de seres humanos no pueden usar su única fuente de agua y de sustento de vida: el río Marañón. Por eso los hechos desnudan que la industria petrolera limpia es sólo un mito.
