Juan Carlos Zuleta Calderón* - En anteriores artículos he sugerido que lo ideal sería establecer un cluster o conglomerado industrial en el Salar de Uyuni, en el que diferentes empresas estatales y/o privadas (en asociación o relacionadas mediante contratos de servicios con el gobierno) compitan utilizando las mejores tecnologías disponibles en los procesos de extracción, desarrollo e industrialización de los recursos evaporíticos existentes en el espacio salino más grande del mundo. También he sostenido que el gran escollo para avanzar en esta dirección constituye la retórica de que las dos primeras fases de la mal llamada estrategia de industrialización del gobierno deben ser 100% estatales.

En este contexto, los resultados de la aventura piloto han empezado a cobrar su factura.  Como no son para nada evidentes y sus principales responsables deben rendir cuentas de su trabajo hasta fin de año, el nerviosismo parece haber hecho presa de ellos.  Lo más grave de esto es que están conduciendo a las más altas esferas del poder a cometer más equivocaciones, esta vez, incluso políticas. A primera vista, los sorpresivos memorandums de entendimiento suscritos en los últimos días con Corea del Sur y China deberían ser ponderados por todos por cuanto apuntan a convertir a Bolivia en el centro energético del mundo. 

No obstante, esto requiere un escrutinio más cuidadoso. Una pregunta que debemos hacernos en este momento es: ¿Cuál era la prisa para firmar los últimos compromisos?  En mi más reciente contribución he señalado que para que avance la industrialización del litio en Bolivia resulta imprescindible que los nuevos socios estratégicos del gobierno se involucren en las primeras fases de la estrategia gubernamental.  ¿Por qué?  Por algo muy sencillo: La fabricación de baterías de iones de litio requiere un carbonato de litio de alta pureza que el proyecto piloto no podrá entregar a sus socios estratégicos a no ser que éstos le ayuden a obtenerlo. 

Por cierto, no lo he dicho yo solamente.  Hace pocas semanas, un alto funcionario del Japón ha señalado que en septiembre su país empezaría a apoyar al proyecto piloto con un proceso de extracción de litio novedoso. No veo por qué no podría suceder lo mismo con Corea del Sur y China. Entonces, todo parecería indicar que japoneses, surcoreanos y chinos habrían venido en auxilio del proyecto piloto para que éste pueda cumplir sus metas.  Sería bueno saber si la seguidilla de acuerdos firmados no es nada más que el instrumental para ese involucramiento. Pero, ¿cuál es el problema con todo esto? Bueno, entre otras cosas, que - como he manifestado en uno de mis recientes artículos - a partir de ahora será muy difícil saber qué es el resultado del esfuerzo propio del país y qué el efecto de la intervención de potencias extranjeras. La retórica del 100% estatal caerá una vez más en un saco roto y con ella la credibilidad del gobierno. Me pregunto si no hubiera sido mejor que el gobierno reconozca las dificultades encontradas en el proceso de experimentación y decida realizar cuanto antes el golpe de timón que requiere el proyecto más estratégico de la historia de Bolivia.  
*  Analista de la economía del litio